La soledad no deseada es una realidad que afecta a millones de personas, aunque muchas veces pase desapercibida. No se trata simplemente de estar solo, sino de sentirse solo sin querer estarlo, de echar en falta vínculos significativos y relaciones de apoyo.
Puede afectar a personas de cualquier edad: jóvenes que se sienten aislados pese a estar rodeados de gente, adultos que viven bajo presión social o laboral, y especialmente personas mayores que han perdido redes familiares o sociales. La soledad no deseada no siempre se ve, pero se siente profundamente.
Sus consecuencias van más allá del malestar emocional. Está relacionada con problemas de salud mental como la ansiedad o la depresión, y también con efectos físicos, como el aumento del estrés o el deterioro de la salud general. Por eso, hoy se considera un problema social y de salud pública, no solo individual.
Combatir la soledad no deseada implica escuchar más, crear comunidad y fortalecer los vínculos humanos. Pequeños gestos —una conversación, una llamada, un espacio de encuentro— pueden marcar una gran diferencia. Hablar de la soledad es el primer paso para dejar de vivirla en silencio.
En nuestra mesa de actualidad, tratamos con nuestros colaboradores este importante y muy actual tema que vivimos.
