Hoy queremos hablar de algo que muchas personas practican… pero pocas se atreven a reconocer: el síndrome del regalo excesivo. Este síndrome no tiene que ver con la generosidad sana ni con el placer de sorprender a alguien. Va un poco más allá. Se da cuando una persona siente la necesidad constante de regalar cosas —a menudo de forma exagerada— para obtener aprobación, cariño o aceptación.
Quien lo padece suele pensar, aunque no lo diga en voz alta, que su valor personal depende de lo que da. Regala para evitar conflictos, para compensar ausencias, para calmar culpas o incluso para que no le abandonen. El problema es que, con el tiempo, el regalo deja de ser un gesto libre y se convierte en una obligación emocional.
Muchas veces este comportamiento nace de una baja autoestima o de experiencias pasadas en las que el afecto estaba condicionado. “Si doy, me quieren. Si no doy, decepciono”. Y así, el acto de regalar se transforma en una forma de comunicación emocional, donde el objeto intenta decir lo que la persona no se atreve a expresar con palabras.
En nuestra mesa de actualidad hablamos de este interesante tema.
